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Las Manos



Hay manos de alcaldes que sin un solo callo firman permisos y subvenciones para la tortura de varios toros en las fiestas patronales.



Hay manos de ministros que con piel suave estrechan las de representaciones de toreros para prometerles protección, publicidad y dinero. Sobre todo dinero.


Hay manos de toreros que lo mismo sostienen una espada para atravesar a un animal que, eliminada de ellas la sangre de la víctima, entregan un cheque a alguna causa benéfica con la décima parte de lo que cobraron por ese crimen.



Hay manos de manicura perfecta de escrito... de panfletistas de estómago agradecido y moral regurgitada, escribas prostituidos (o idiotas) que ensalzan la tortura de un ser vivo y prácticamente juran que el torturado pide más y más entre sonrisas (para eso sí que los humanizan) y hemorragias.

Hay manos amorosas de padres que agarran la de sus hijos para entrar en un circo o en un zoológico.

Hay manos que te apuntan con un dedo acusador, manos que con un gesto aseguran, entre compasivas y asustadas, que te has vuelto loco, manos que echan la llave a las esposas para inmovilizar las tuyas, manos que firman tu sentencia condenatoria, manos que te dicen adiós por ser tan raro, manos que se cierran transformadas en puños para amenazarte, manos que pasan de las amenazas a los golpes... Pero las únicas que a ti realmente te estremecen y te asustan son las manos que pagan por la muerte de los que no tienen manos y las manos de los verdugos que los asesinan.

Y al fin hay manos como las tuyas. Llenas del dolor acariciado en mil pieles diferentes, empapadas de las lágrimas que tuviste que enjugarte una y otra vez sin conseguir jamás que tus mejillas estuvieran secas, cruzadas `por unas pocas cicatrices y por innumerables heridas abiertas, repletas de cuentas sin saldar, de la sangre de los que murieron entre ellas mientras tratabas desesperadamente de arrancarlos a la vida, abarrotadas de rabia y de esperanza, de sufrimiento y de determinación pero, sobre todo, manos sobradas de valor. Manos que empuñaron el arma de la no violencia para luchar contra los violentos.

Manos de piel áspera, manos manchadas, manos golpeadas y oliendo a pelo de incontables especies, manos que aferran maullidos, ladridos, mugidos, gemidos, relinchos o silencios.

Tus manos. Las más hermosas porque modelan justicia, porque construyen libertad, porque pelean y porque no tienen miedo.

Tus manos, desolladas por liberar las suyas sin que tú exhales un solo quejido.

Manos admirables las tuyas, compañera, manos admirables las tuyas, compañero.



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