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Las cuatro leyes de la espiritualidad

En la India se enseñan las "Cuatro Leyes de la Espiritualidad"
La primera dice: "La persona que llega es la persona correcta ", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice: "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido".. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa...hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante.

Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice: "En cualquier momento que comience es el momento correcto". Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última: "Cuando algo termina, termina". Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegue a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado!

Es simple, sin muchas vueltas: borrón y cuenta nueva..dar vuelta la pagina.. barajar o empezar de nuevo...
Es mejor no complicarse ni transitar procesos de tristeza y depresión por lo que ya no es o no fue. Hay que avanzar de la manera en que la vida nos propone, hacia adelante en el camino. No se puede mirar para atrás mientras caminamos en la direccion contraria. Hay que ubicarse en lo que deseas, y desde donde estás y con lo aprendido, avanzar. Visualizar lo qué se tiene que hacer para llegar a donde se desea. 
Dicen que si la vida te da limones hay que hacer limonada y con ella fiesta y carnaval!!
Enfocarse en el Aquí y Ahora es clave. Si es necesario darse un periodo de tiempo para un proceso de aceptacion u olvido, permitamoslo... pero que no nos desgaste por mucho tiempo... porque la vida es lo único que tenemos y lo que sucedió quedo en el pasado y... ya no se puede cambiar...

Metáfora del plato roto

Metáfora del plato roto: Tíralo. Se rompe. Pídele perdón. ¿Volverá a ser igual, se arreglará?
Cuando cometemos errores, cuando estamos equivocados, cuando no actuamos de manera correcta, lo normal sería asumir la responsabilidad de esa situación y pedir disculpas. Sin embargo, esta simple acción suele resultar muy difícil para algunas personas, e incluso en algunas ocasiones es vista como un signo de debilidad. 

Por el contrario, pedir perdón representa respeto, valentía y crecimiento. Poder asumir nuestros errores y aprender de ellos habla de nuestra evolución como personas. A continuación te presentaremos, cómo pedir perdón.

Reflexión.
El primer paso es pensar cuáles fueron los errores que cometimos, y por qué lo hicimos. Asumir que cometimos un error es un acto de valentía, pero comienza primero por nosotros.

Posibles soluciones. 
Piensa cual tendría que haber sido tu forma de reaccionar, la forma en que podrías haber gestionado la situación. Escuchar y respetar a la otra persona son las claves de una buena comunicación.

No dejes pasar el tiempo. Si te has dado cuenta de que cometiste un error no esperes demasiado tiempo para poder revertir la situación. Cuanto antes puedas reconocerlo la situación se solucionará de otra manera.

Actúa. Habla con la persona, dile cuál fue tu error, muéstrate sincero y arrepentido de la situación. Cuéntale cual hubiese sido la mejor manera de resolver la situación.

Evita las excusas. No trates de ampararte en situaciones externas, quién ha cometido el error eres tú y debes reconocerlo.

Perseverancia. Muchas veces, nuestro error fue demasiado doloroso para la otra persona, por lo cual puede resultar difícil que nos perdone inmediatamente. Pero no por ello debes bajar los brazos, debes ser perseverante y sincero con tus disculpas.

Aprende de los errores. Debes aprender de los errores, y trata de no repetirlos. Ejercita la reflexión y la buena comunicación antes de enfrentarte a este tipo de situaciones.

Como producir la felicidad


Hacer ejercicio se ha considerado una cura para casi cualquier cosa en la vida, desde la depresión a la pérdida de memoria, pasando por el Alzheimer, el Parkinson y muchas otras dolencias. Desde luego, hace tan solo unos años se sabia poco sobre lo que el ejercicio provoca realmente en nuestros cuerpos y lo que hace con nuestro cerebro.
El ejercicio produce endorfinas y las endorfinas son las hormonas ligadas directamente con la felicidad, si sumamos dos y dos encontramos rápidamente la asociación. Pero para aclarar el proceso de como se produce esto, vamos a poner un articulo de Leo Widrich traducido al español:

¿Qué desencadena la felicidad en nuestro cerebro cuando hacemos ejercicio?
La mayoría de nosotros estamos al tanto de qué ocurre con nuestro cuerpo cuando hacemos ejercicio: conseguimos más músculo, tenemos más resistencia… Sentimos que actividades diarias como subir escaleras se vuelven más fáciles si hacemos ejercicio de manera regular. Pero en lo que se refiere a nuestro cerebro y a nuestro estado de ánimo la conexión no está tan clara.
La frase “nuestras endorfinas se liberan” es algo que suelo sacar a la luz para parecer inteligente pero que realmente no sé lo que significa. Pues bien, esto es lo que significa:
Cuando empiezas hacer ejercicio tu cerebro reconoce ese momento como uno de stress. A medida que la presión sanguínea se incrementa, el cerebro piensa que estás luchando contra un enemigo o huyendo de él. Para protegerte a ti y a tu cerebro del estrés, liberas una proteína llamada BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor). Esta BDNF posee un elemento protector y reparador que afecta a tus neuronas y también actúa como un interruptor de reset. Es por eso por lo que a menudo vemos las cosas más claras y nos sentimos más liberados justo después de hacer ejercicio. También por lo que somos más felices.
Al mismo tiempo, las endorfinas, otro químico de nuestro cuerpo para luchar contra el estrés, se liberan en tu cerebro. Su principal propósito es el que describe McGovern:
“Estas endorfinas tienden a minimizar las malas sensaciones de hacer ejercicio: bloquean cualquier sensación de dolor e incluso están asociadas a un sentimiento de euforia”.
De hecho, en el momento de hacer ejercicio ocurren muchas cosas en nuestro cerebro. Por sorprendente que parezca, está mucho más activo que cuando estamos sentados o, incluso, intentando concentrarnos sólo mentalmente.

Actividad cerebral ejercicio

Así que el BDNF y las endorfinas son las razones por las que el ejercicio nos hace sentir tan bien. Sin embargo, tienen una parte ligeramente terrorífica: su comportamiento, similar y adictivo, es como el de drogas como la morfina. la heroína o la nicotina. ¿Cuál es la única diferencia? Que BDNF y endorfinas son muy buenas para nosotros.
La clave es maximizar la felicidad a través del ejercicio: no hacer más, sino enfocarse en el cuándo
Y aquí es donde la cosa se empieza a poner interesante: ya sabemos los fundamentos básicos de por qué hacer ejercicio nos vuelve personas más felices. También de qué ocurre dentro de nuestro cerebro. Pero lo más importante ahora es descubrir cómo podemos activar esto de una manera óptima y duradera.
Un estudio reciente de la Universidad de Penn State lanza algo de luz al respecto y sus resultados son más que sorprendentes. Los investigadores han descubierto que para ser más productivos y felices en un día de trabajo no importa demasiado si haces ejercicio regularmente, es más importante si lo has hecho durante ese día en concreto:
Aquellos sujetos que han hecho ejercicio durante el mes precedente pero no en el día de la prueba generalmente han tenido mejores resultados de memoria de aquellos que son sedentarios, pero no lo han hecho tan bien como aquellos que sí que hicieron ejercicio esa misma mañana.
Gretchen Reynolds, el escritor superventas del New York Times, ha escrito todo un libro acerca de esta materia, titulado “Los 20 primeros minutos”. Para conseguir el máximo nivel de felicidad y de beneficios para la salud la clave no está en convertirse en un atleta profesional. Al contrario, una cantidad más pequeña es todo lo que se necesita para alcanzar el nivel donde la felicidad y la productividad de cada día puede aumentar.
Para alguien realmente sedentario, son los 20 primeros minutos de empezar a moverse los que provocan la mayor parte de los beneficios de la salud. Reducir el riesgo de enfermedades, vivir más… Todo eso sucede en los primeros 20 minutos de estar activo.
Así que realmente puedes relajarte, estar tranquilo y no tener que estar pensando en el siguiente día en que te vas a machacar en el gimnasio. Todo lo que necesitas hacer es enfocarte durante 20 minutos cada día para conseguir la máxima felicidad y el mayor beneficio para tu productividad.
En los días en los que la gente hizo ejercicio, su estado de ánimo mejoró significativamente. Sin embargo, no cambió en los días en los que no hubo ejercicio, con la excepción de la sensación de calma, que sí que se deterioró. (Universidad de Bristol).

Cómo empezar a conseguir un hábito de ejercicio regular: el baile con las endorfinas
Sí, vale, quizás diréis que todo esto es muy bonito de oír pero que realmente empezar a hacer ejercicio de manera regular o incluso diaria es más fácil de escribir que de conseguir.
Para lograrlo, se necesita bastante ayuda y perseverancia y ser capaces, así, de construir el hábito de ejercicio diario. Lo más importante que hay que tener en cuenta es que hacer ejercicio es uno de nuestros puntos claves en la vida. Eso dice, Charles Duhigg, otro escrito de éxito y autor de “The Power of Habit”. ¿Qué quiere decir con ello? Que el ejercicio diario puede allanar el camino no sólo a la felicidad sino también al crecimiento en el resto de áreas de nuestra vida.
En un post reciente, Joel escribía sobre lo poderoso que es para él hacer ejercicio diario durante su vida. Y casualmente sigue todas las reglas anteriores de manera bastante precisa. Antes de cualquier otra cosa, hace ejercicio. Sus beneficios los describe así:
“A las nueve y media de la mañana ya he hecho una hora de picar código en la tarea más importante de que tenemos en ese momento en Buffer. Antes he ido al gimnasio a hacer una gran sesión y también he hecho 30 minutos de email. Son sólo las nueve y media de la mañana y ya he tenido “éxito”. Me siento fantástico”
He hablado mucho con Joel sobre su hábito y aquí nos da algunos de los consejos básicos para poder prepararte y que puedas conseguir tener éxito de manera diaria:
Pon la ropa de gimnasia justo donde está tu reloj de alarma o tu teléfono cuando te vayas a la cama. Esta técnica puede parecer bastante simple pero ha sido una de las más poderosas. Si dejas todo preparado para ir al gimnasio antes de dormir, lo tendrás todo mucho más fácil para convencerte a ti mismo de ponerte en marcha.
Registra todos tus días de gimnasio y todo lo que haces en ellos: hazlo siempre después de cada sesión. Cuando tratas de hacer ejercicio regularmente la clave es convertirlo en un hábito. La única manera de conseguir esto es crear una “recompensa”, algo que te recuerde las buenas sensaciones que consigues haciéndolo. En nuestra gran lista de aplicaciones web que más usamos tenemos toda una sección dedicada al fitness que puede ser bastante útil. Usa Fitocracy o RunKeeper para registrar todas tus sesiones y hazlo de manera sencilla: regístralo todo justo antes de meterte en la ducha o en el momento en el que estás saliendo del gimnasio.
Piensa en empezar pequeño y entonces empieza aún de manera más pequeña. He aquí un pequeño secreto: cuando empecé a hacer ejercicio sólo hacía cinco minutos cada día, 3 veces a la semana. Piénsalo: sólo eso. “No es nada”, te dirás. Y es cierto, era algo tan sencillo que cualquiera podría tener éxito. Y precisamente por ello es más sencillo convertirlo en una rutina.
Estoy seguro de que si puedes dedicarle algo de tiempo, por poco que seas, conseguirás tener una rutina fantástica que te hará más feliz, más productivo y más relajado de lo que nunca has estado.
Un último dato rápido: el ejercicio y el aumento de proteínas BDNF actúa como un potenciador del estado de ánimo. Sus efectos son como los de la adicción a la droga. Por eso, cuando empieces a hacerlo, la sensación de euforia será mayor.
“Las endorfinas liberadas son adictivas y, a medida que pasa el tiempo, necesitas hacer más ejercicio para alcanzar el mismo nivel de euforia. (McGovern)
Así que si nunca lo has hecho, tus beneficios de felicidad serán ahora los más altos que consigas nunca.
Leo Widrich

El post es un extracto traducido del artículo: What Happens to Our Brains When We Exercise and How It Makes Us Happier, que fue publicado originalmente en Buffer por Leo Widrich.

Un texto simple

Un texto muy simple y a la vez maravilloso. Conviene imprimirlo y leerlo todos los días.
Lo escribió una anciana de noventa años de edad, oriunda de Cleveland, Ohio, USA:


A fin de festejar mi madurez, me senté a escribir las 40 lecciones que aprendí de la vida:
1.     La vida no es justa, pero a pesar de todo es bastante buena.
2.     Cuando tengas alguna duda, simplemente da el primer pasito.
3.     La vida es demasiado breve como para desperdiciarla odiando gratuitamente…
4.     Tu lugar de trabajo no te va a atender cuando estés enfermo. Pero tus amigos y tus padres sí, así que mantente en contacto.
5.     Paga a tiempo todas tus deudas.
6.     No tienes que salir ganando en todas las discusiones. Está de acuerdo con el desacuerdo.
7.     Llora junto a otra persona. Es mucho más eficaz que llorar solo.
8.     Está bien hablar con Dios. Él nos escucha.
9.     Empieza a ahorrar para cuando te jubiles, empezando con el primer sueldo que recibas.
10.  En lo que a chocolates se refiere, no vale la pena resistirse.
11.  Haz las paces con el pasado para que no interfiera en tu futuro.
12.  Está bien que tus hijos te vean llorando.
13.  No compares tu vida con la de los demás. Nunca se puede saber…
14.  Si hay una relación interpersonal que hay que guardar en secreto, no formes parte de ella.
15.  Todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Si te mereces algo, Dios te lo va a dar.
16.  Respira profundamente. Es muy tranquilizante.
17.  Descarta todo aquello que no uses, o no sea bello o no te cause alegría.
18.  Todo lo que no te mata, en realidad te fortalece.
19.  En lo que se refiere a hacer las cosas que te gustan en la vida, nunca aceptes “no” por respuesta.
20.  Usa las velas más bonitas, la ropa más bonita, la fragancia más bonita. No guardes nada para una “ocasión especial”. Hoy es ese día especial.
21.  La erudición que obtiene la persona nadie puede quitársela.
22.  Nadie está encargado de tu felicidad, fuera de ti mismo.
23.  Sé extravagante hoy. No esperes a la vejez para empezar a usar ese traje violeta.
24.  Toma las así llamadas “desgracias” en la debida proporción. ¿Acaso dentro de cinco años todavía van a tener importancia?
25.  Perdona a cada persona por cada cosa que te hace.
26.  Que no te importe lo que los demás piensen de ti.
27.  El tiempo lo cura casi todo. Dale tiempo.
28.  Por peor que pueda ser una situación, al final va a cambiar.
29.  No te tomes a ti mismo tan en serio. Los demás tampoco se toman en serio.
30.  Cree en los milagros.
31.  Dios te ama, porque así es Él. No porque Le hayas hecho o no hayas hecho algo.
32.  Envejecer es muchísimo mejor que la otra alternativa (morir joven).
33.  Al fin y al cabo, lo único verdaderamente importante es el amor.
34.  Sale a dar un paseo todos los días. Hay milagros en todas partes.
35.  La envidia es una pérdida de tiempo. Ya tienes todo lo que necesitas.
36.  Lo mejor todavía no llegó.
37.  No importa cómo te sientas – levántate, vístete y sal de la casa.
38.  La vida no viene envuelta de regalo, pero sí son un regalo.
39.  Los amigos son los familiares que nosotros mismos elegimos.
40. Se estima que el 93 % de las personas que reciban este mensaje no lo van a difundir.

Forzar a que suceda algo... Deja de tratar que suceda algo.

Deja de tratar que suceda algo.
Dejar de hacer, tanto si esto te está desgastando o con ello no estás logrando los resultados deseados. Deja de pensar tanto en ello. Deja de preocuparte por ello. Deja de estar tratando de forzar, de manipular, de obligar o de hacer que suceda.
Hacer que sucedan las cosas es controlar. Podemos tomar una acción positiva para ayudar a que sucedan las cosas. Podemos hacer nuestra parte. Pero muchos de nosotros hacemos más que nuestra parte.
Sobrepasamos los límites de cuidar y hacer nuestra parte y nos embarcamos en una conducta controladora, coercitiva, de cuidar excesivamente a los demás.
Controlar es autoderrotista. No funciona. Al ofrecernos demasiado para hacer que suceda algo, de hecho podemos estar impidiendo que ocurra.
Haz tu parte relajadamente, con armonía, en paz. Luego, déjalo ir.
Simplemente déjalo ir. Oblígate a dejarlo ir si es necesario. “Actúa como si”.
Pon tanta energía en dejarlo ir como las has puesto en tratar de controlar. Obtendrás mucho mejores resultados.
Puede que no suceda. Puede ser que ocurra de la manera como nosotros queríamos y esperábamos. Pero nuestra conducta controladora tampoco hubiera logrado que sucediera.
Aprende a dejar que las cosas sucedan, porque así ocurrirá, de todas maneras. Y mientras esperamos a ver qué sucede, estaremos más felices y también lo estarán quienes nos rodean.
“Hoy dejaré de forzar a que sucedan las cosas. En vez de ello, permitiré que las cosas ocurran de manera natural. Si me sorprendo tratando de forzar eventos o de controlar a la gente, me detendré y descubriré una manera de desapegarme”.
(Melody Beattie de su Libro El Lenguaje del Adiós).

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El poder de la mente

¿Qué entendemos por el poder de la mente?


Es evidente que la detección precoz de un problema, especialmente si ese problema tiende a enredarse con el tiempo, permite afrontarlo con más garantías de control que si lo hacemos cuando ya ha echado raíces sólidas. Arrancar un arbolito de unos meses cuesta menos que otro de unos años.
Lo que entendemos son un conjunto de cosas variopintas, de una parte todo aquello que conocemos con el nombre de parapsicología, telepatía, premoniciones, telequinesias, levitaciones y toda esa clase de cosas que parecen desafiar las leyes físicas y que sin embargo son un “cuerpo de creencias” que mucha gente sostiene aun sin pruebas. Al menos sin esas “pruebas” que prueban que un fenómeno existe. Lo cierto es que hay mucha gente que cree en ellas y eso necesita de una explicación.
Pero no es de esa clase de “poderes de la mente” de los que voy a hablar sino de esos otros que circulan por la red en múltiples formas: psicologías positivas, el “si quieres puedes”, el “mundo exterior es una alucinación de nuestra mente”, “la realidad no existe”, etc. Y sobre todo la idea de que la mente puede curar enfermedades, a través de ciertas creencias. hasta hay libros que hablan de la biología de las creencias y como estas configuran estados que se trasladan al cuerpo de forma que pueden llegar a enfermarlo. De manera que sanar sería una especie de decodificación de las vias que se sustrajeron para generar una enfermedad.
En todas estas ideas hay mucho de mito y algunas gotas de verdad. Voy a abordar esas pequeñas gotas de verdad, al menos desde mi propia experiencia. ¿Pueden enfermar las creencias?
La respuesta es si. Ahora bien, no todo el mundo cree sino aquello que encaja mejor con su biología, de manera que podríamos decir que creemos aquello que mejor empasta con nuestra dotación biologíca. Un ejemplo está relacionado con el sexo: las mujeres puntúan en evitación del daño mucho más alto que los hombres por lo que son más miedosas o temerosas y tienden a evitar antes las consecuencias del daño (físico o psicológico).
Mas que eso: tienden al neuroticismo y a la fatigabilidad más que los hombres y suelen ser más tímidas y más sensibles a la evaluación y exclusión sociales que los hombres. A cambio han desarrollado un rasgo de carácter que las compensa: son más agradables puntúan mas alto en agradibilidad) y son más sociables.
De manera que la mente de las mujeres está mejor diseñada que la de los hombres para alarmarse y/o encontrar amenazas alli donde un hombre no vería sino retos. Podriamos decir pues que las creencias de las mujeres están mediadas por un cerebro que tiende a alarmarse más que el de los hombres.
No es de extrañar pues que la evaluación -anticipación- del daño subjetivo que llevan a cabo las mujeres sea más alta que la que llevan a cabo los hombres y es por eso que algunas enfermedades relacionadas con el dolor sean más frecuentes en las mujeres que en los hombres.
Dice Goicoechea a propósito de la fibromialgia que esta enfermedad consiste en una disfunción evaluativa del cerebro respecto a la percepción de daño. Se trata de una idea difícil de pillar para lo que me va a ser necesaria una explicación previa.
Organismo e individuo.-
O lo que es lo mismo, nuestra mente y nuestro cuerpo (cerebro). Cada uno de estos entes tiene su propia lógica pero hay un mala noticia: la mente puede influir en el cuerpo pero no manda sobre él. No podemos interferir en nuestra digestión, ni rebajar nuestro metabolismo del azúcar, tampoco podemos disminuir nuestra presión arterial a voluntad, etc. Existe un cierre categorial -un agujero negro órgano-psíquico- que impide que nuestra mente pueda meter sus narices en los procesos íntimos de nuestro cuerpo. Dice Goicoechea a propósito del dolor:
El dolor es una proyección a la conciencia de la activación de determinadas áreas cerebrales. Está poderosamente influida esta proyección por expectativas y creencias, significados, condicionamientos previos. En función de todo ello el cerebro evalúa estados de amenaza y a partir de un umbral de consideración aparece el sentimiento doloroso. No podemos con la mente controlar el dolor ni ninguna otra percepción pero sí podemos trabajar nuestras creencias y expectativas y de ello puede resultar un cambio en los parámetros del dolor. Ni siquiera podemos controlar con la mente nuestras creencias. Sólo podemos aportar material informativo para que sea procesado, al igual que no podemos intervenir en la digestión. Nos limitamos a decidir lo que comemos (y en esto también cabría la discusión).
Tampoco podemos utilizar la mente para soportar a nuestra voluntad el dolor. Si el cerebro aprieta con la función de urgencia o apremio (una función neuronal como otra cualquiera) no podremos soportarlo.
Los poderes de la mente son los poderes del conocimiento. Desde el conocimiento nuestro cerebro gestionará acertada o erróneamente sus recursos defensivos intimidatorios.
En el beneficio atribuido al tratamiento multidisciplinar se lleva una parte considerable el efecto placebo. Hay abundantísima información científica sobre la modulación cognitiva del dolor. Sorprende que no disfrute de la misma divulgación que, por ejemplo, las fibras C:
  • Fibras C Son fibras nerviosas de conducción lenta, inferior a la rapidez de conducción de las fibras A delta. Son estructuras no mielinizadas o amielínicas, que responden a estímulos térmicos, mecánicos y químicos, y son llamadas nociceptores-C polimodales. Se calcula que existen alrededor de 200 fibras tipo C por centímetro cuadrado de piel. (Tomado de la wiki)
Y son estas fibras las que parece se hallan activadas en los casos de dolor neuropático, es decir en esas no-enfermedades o enfermedades huérfanas en el sentido de no saber sus causas.
¿Pero activadas por qué?
¿Quien o qué activan las fibras C responsables de llevar el mensaje de amenaza de dentro-afuera (del cerebro a la mente)
Las expectativas racionales de la población. Es decir lo que el público entiende qué es la razón por la que el dolor aparece, por ejemplo comer chocolate en las jaquecas o el estrés en la fibromialgia. En realidad lo que desencadena y fija la respuesta de dolor es la expectativa de daño, la disfunción evaluativa de la que habla Goicoechea que se configura a partir de las ideas (la publicidad) que emerge de los medios informativos y sobre todo de las opiniones de los expertos.
Y la opinión de los expertos es que la fibromialgia no se cura. Y eso es lo que suele suceder y las mujeres por las razones más arriba expresadas son sus principales víctimas. Las mujeres sufren más estas enfermedades porque evaluan el daño al alzaaunque en realidad las mujeres poseen un sistema inmunitario regulado al alza, por eso viven más que los hombres y padecen más enfermedades autoinmunes.
El concepto de disfunción evaluativa de Goicoechea está relacionado con el concepto de“detector de humos” de Nesse con sede en la amígdala y viene a decir que las alarmas neurobiológicas están diseñadas para la supervivencia del organismo de tal modo que siempre es mejor que se disparen sin motivos que no lo hagan en absoluto. Es más eficiente un falso negativo y que no haya amenaza alguna que un falso positivo y morir en el intento. En un post anterior hable de este fenómeno cuando me preguntaba ¿Por qué vivimos alarmados?. No sólo es verdad que nuestras alarmas están reguladas al alza sino que necesitamos sentirnos alarmados pues una vez desaparecidas las alarmas ancestrales que mantenían ocupados nuestros sistemas de evaluación de amenazas externas, hemos quedado prisioneros de las amenazas simbólicas y prestamos más atención a nuestro cuerpo que al ambiente en que nos movemos. La mayor amenaza hoy en el hombre moderno está en su cuerpo si bien es cierto que vivimos en un mundo muy amenazante entre otras cosas porque los medios de comunicación nos transmiten continuamente la sensación de caos en el mundo si bien de forma hiperreal.
Pero lo importante es comprender que la evaluación de la amenaza en el dolor neuropático no la lleva a cabo la mente (el individuo) sino el cerebro (el organismo). La mente se limita a recibir las proyecciones de la vía del dolor hiperexcitada que después de salir del tálamo se dirige rauda hacia la corteza cerebral convertida en un sentimiento. El dolor cuando llega a la mente es ya un sentimiento y no más una percepción, algo la tiñe y la destiñe. El dolor adquiere un sentido, el que le da la mente y se acompaña del cortejo de síntomas afectivos unos y los propios de la fatiga los otros que suelen acompañar a la experiencia de dolor.
La mente no interviene para nada en ese proceso pero puede influir en la modulación del dolor, por ejemplo puede decidir quedarse en cama, tomarse vacaciones o pedir la baja laboral, ese es el trabajo de la mente pero no puede agarrar el mando del organismo a fin de quedar narcotizado a voluntad.
Dicho de otro modo: la mente carece de ese poder.
Pero puede negociar con su organismo miedoso y enseñarle a perder el miedo a aquellas cuestiones que siente como amenazas sin serlo. Es por eso que el conocimiento verdadero es el mejor tratamiento contra estos cerebros asustados y que la peor iatrogenia proceda de la falsa publicidad, de las promesas de curación o de las explicaciones exóticas sobre su etiología.
Fuente: http://pacotraver.wordpress.com/