Bienvenidos a mi blog y muchas gracias por su visita! Este es un espacio donde comparto lo que me gusta y lo que otros amablemente compartieron conmigo a modo de archivo personal. Refleja mis intereses, mi forma de pensar y sentir a través de los años desde que nació esta página. Espero que disfruten su estadia! Mucha suerte y ....... Buen viaje / BUENA VIDA!!
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Las 8 Mentiras de mi Mamá (feliz día)
Al crecer, Mamá renunció a su tiempo libre para pescar en un río cercano a nuestra casa; ella esperaba que de los peces que pescase, me podría dar proveer de un alimento más nutritivo para mi crecimiento. Una vez, cuando sólo había pescado dos peces, hizo sopa de pescado. Mientras tomaba la sopa, Mamá se sentó a mi lado y comió lo que quedaba en el hueso del pez que me había comido; mi corazón se estremeció al verla. Una vez que le pasé el otro pescado, lo rehusó y dijo: “Cómete el pescado, hijo, a mí en realidad no me gusta el pescado”. Esa fue la segunda mentira de Mamá.
Cuando, para poder pagar mi educación, Mamá fue a una fábrica de fósforos para traer a casa algunas cajetillas usadas, las que llenaba con cerillas nuevas. Esto la ayudaba a ganar algún dinero para cubrir nuestras necesidades. Una noche invernal me desperté y hallé a Mamá llenando las cajetillas a la luz de una vela. Así que le dije: “Mamá, vete a dormir; es tarde, puedes seguir trabajando mañana en la mañana”. Mamá sonrió y dijo: “Vete a dormir, hijo, no estoy cansada”. Esa fue la tercera mentira de Mamá.
Cuando tuve que hacer mi examen final, Mamá me acompañó. Después del amanecer, ella me esperó por horas en el calor del día. Cuando sonó la campana, corrí a encontrarme con ella… Mamá me abrazó y me dio un vaso de té que había preparado un termo. El té no era tan fuerte como el amor de Mamá. Viéndola cubierta de sudor, de una vez le pasé mi vaso y le pedí que tomase también. Mamá dijo: “Toma tú, hijo, que yo no tengo sed.” Esa fue la cuarta mentira de Mamá.
Tras la muerte de Papá, Mamá tuvo que desempeñar el papel de ambos. Mantuvo su empleo anterior; tenía que satisfacer sola nuestras necesidades. Nuestra vida familiar se tornó más complicada, pasábamos hambre. Viendo empeorar nuestra condición familiar, mi bondadoso tío, quien vivía cerca a nuestra casa, vino a ayudarnos a resolver nuestros problemas grandes y pequeños. Nuestros otros vecinos vieron que estábamos en pobreza por lo que aconsejaban a Mamá que se volviera a casar. Pero ella rehusó casarse de nuevo diciendo: “No necesito amor”. Esa fue la quinta mentira de Mamá.
Al terminar mis estudios y obtener un empleo, llegó el tiempo para que mi anciana madre se jubilase pero ella siguió yendo al mercado cada mañana para vender algunos vegetales. Yo le seguía enviando dinero pero ella era persistente y aún me enviaba de vuelta el dinero diciendo: “Tengo suficiente”. Esa fue la sexta mentira de Mamá.
Seguí mis estudios de maestría a tiempo parcial. Financiado por la corporación estadounidenses para la cual trabajaba, tuve éxito en mis estudios. Con un gran aumento en mi salario, decidí traer a Mamá a disfrutar la vida en los Estados Unidos pero ella no quiso molestar a su hijo. Me dijo: “No estoy acostumbrada a vivir por lo alto”. Esa fue la séptima mentira de Mamá.
En su vejez, Mamá fue atacada por el cáncer y tuvo que ser hospitalizada. Como ahora vivía al otro lado del océano, fui a casa a ver a Mamá, quien se hallaba encamada tras una operación. Mamá intentó sonreír pero yo estaba quebrantado por verla tan delgada y frágil. Pero Mamá dijo: “No llores, hijo, no me duele”. Esa fue la octava mentira de Mamá… y diciéndola, falleció.
Autor Desconocido.
Fuente: www.motivateus.com
Hábitos de las personas verdaderamente felices
LA FELICIDAD, AUNQUE TIENE FAMA DE SER UN ESTADO DIFÍCIL O AUN IMPOSIBLE DE CONSEGUIR, PUEDE VERSE SIN EMBARGO COMO UNA COINCIDENCIA DE CIRCUNSTANCIAS, LA SUMA DE ELEMENTOS QUE, COMO ESTOS HÁBITOS, CUANDO SE REÚNEN NOS HACEN UN POCO MÁS FELICES DE LO QUE ÉRAMOS.
La felicidad es, casi desde cualquier punto que se le mire, uno de los propósitos más esenciales del ser humano. Las definiciones de felicidad, aquello con que esta se identifica, pueden variar si toman en cuenta circunstancias culturales e históricas, pero quizá, después de todo, lo que permanezca constante sea la búsqueda de la felicidad como una de las metas que han orientado desde siempre muchas de las acciones humanas.
¿En dónde se encuentra la felicidad? ¿En la calidad de las relaciones que mantenemos con nuestros semejantes? ¿En el dinero que ganamos por lo que hacemos? ¿En las cosas que compramos? ¿En la calidad de nuestra alimentación? ¿En la frecuencia de nuestras relaciones sexuales? ¿En los hábitos nos brindan bienestar corporal? ¿En el bienestar intelectual? ¿En la estabilidad de nuestras emociones? ¿Dónde?
Es posible que ahí y también en otros lugares, que sea al mismo tiempo un elemento que hace la diferencia y, por otro lado, una suma, una coincidencia de múltiples factores que, reunidos, otorgan ese improbable estado que conocemos como felicidad.
La ciencia, por su parte, no ha permanecido ajena a este asunto, y existen numerosas investigaciones que alguna aportación tienen al respecto.
A continuación enlistamos algunos de estos estudios, según los cuales existe un puñado de hábitos que, al tenerlos, nos ayudarán a conseguir o a acercarnos un poco el fuego vital de la feclidad.
Las personas felices conviven con personas felices
La felicidad es contagiosa. Investigadores de la Framingham Hear Study estudiaron por más de 20 años a personas que se encontraban preferentemente entre personas felices, descubriendo que de esta manera aumentaba su probabilidad de que ellas mismas fueran felices en el futuro.
La sonrisa puede o no ser un gesto común, frecuente: en buena medida depende del individuo. Si este tiene pensamientos positivos, felices, igualmente puede ser que una sonrisa acuda con más facilidad y naturalidad a su rostro. Curiosamente, según algunos estudios falsear una sonrisa durante una situación poco agradable puede empeorar el estado de ánimo.
Perseverancia.
Peter Kramer, psicólogo, asegura que la perseverancia y no la felicidad es lo opuesto de la depresión. Al parecer si hay algo que distingue a quienes son felices es su actitud ante el fracaso: siempre saben reponerse.
Intenta ser feliz
Un par de estudios publicados recientemente sostienen que basta con intentar ser feliz —con proponérselo, con buscarlo— para fortalecer el bienestar anímico, en especial en esos ámbitos que implican emociones positivas.
Celebrar también los pequeños triunfos
Los triunfos personales, casi sin excepción, nos llenan de felicidad. Sin embargo, lo usual es pensar estos como las grandes victorias, aquellas que se consiguen solo a costa de esfuerzo y aun sacrificio. ¿Pero qué pasa con los triunfos más modestos que se tienen cotidianamente? ¿No puede considerarse también digno de reconocimiento llegar puntualmente a una cita, terminar un libro, haber hecho reír sinceramente a alguien?
Gusto por los placeres sencillos
Como en el punto anterior, en el caso del placer existe también un reino de lo sencillo, lo minúsculo quizá, que a veces pasa desapercibido pero es capaz de proveer tanta o más satisfacción que los llamados grandes placeres. Darle sentido a las pequeñas acciones, ser agradecido con los dioses mínimos de la vida, está asociado con una sensación generalizada de regocijo.
Las personas felices hacen el bien a los demás
La felicidad puede mirarse también como un circuito que se nutre a sí mismo y así se sostiene (y de paso sostiene al mundo): hacer feliz a alguien tiene como consecuencia que otra persona haga feliz a ese primero de la cadena. Solo que, claro, aquí no hay primeros, ni últimos, sino solo una fuerza que se mantiene circulando entre quienes emprenden acciones en beneficio de otros. Según se publicó hace poco, por ejemplo, el trabajo voluntario repercute positivamente en tu salud.
Dejarse llevar
Cuando hacer algo nos complace, es muy frecuente que perdamos la sensación del transcurso del tiempo. Aquello que hacemos es tan satisfactorio, que todo lo demás deja de importarnos, incluso el paso de los minutos. Al parecer entregarse de esta manera a una actividad altamente satisfactoria —que también implica motivación y cierto grado de desafío— es importante para sentirnos felices.
Profundidad de una conversación
Hace poco la revista especializada Psychological Science publicó un estudio en el que mostró cierta tendencia de las personas felices por preferir conversaciones profundas, sustanciosas, en vez de plásticas sobre temas menores o banales. Al parecer es notablemente más satisfactorio hablar, por ejemplo, de la situación sentimental por la que se atraviesa en ese instante y no, digamos, del clima.
Gastar el dinero en otras personas
El dinero no compra la felicidad, pero al parecer, cuando se gasta en otras personas y no en uno mismo, aumenta la sensación de ser feliz. Al menos eso es lo que sostiene esta investigación.
Saber escuchar
Escuchar puede considerarse una de las habilidades fundantes del ser humano. Escuchar implica reconocer la existencia del Otro, respetar su visión de mundo, estar dispuesto a conocerla y aun aprender algo de ello. Escuchar requiere y genera confianza. Escuchar hace al Otro sentirse acogido, útil en el sentido de que sus palabras transformaron de algún modo la realidad de la persona que verdaderamente las escuchó.
Preferencia por las relaciones cara a cara
En nuestro tiempo pareciera que la tecnología de telecomunicaciones que tenemos a nuestra disposición es más que suficiente para estar en contacto con nuestros amigos, familiares e incluso nuestra pareja. La nuestra parece una soledad inédita, una soledad acompañada: una persona puede pasar todo el día frente a su computadora y, aun así, haber entrado en contacto con decenas o miles de semejantes, algunos más queridos que otros. Con todo, el movimiento anímico que implica tomar un autobús, un taxi o un avión para ir a ver a un ser querido —y después de esto, efectivamente verlo, estar con él— tiene repercusiones en nuestra necesidad de sentirnos parte de algo o de alguien, además de que el contacto físico disminuye las sensaciones ligadas con la ansiedad.
Ver el lado bueno de las cosas
El optimismo, tan atacado desde hace varios años, tiene sin embargo sus virtudes, quizá la principal el hecho de que ver el lado bueno de las cosas disminuye el estrés y sus síntomas, además de que incrementa nuestra tolerancia al dolor. Un estudio reciente mostró que tener una actitud positiva mejora la salud de quienes tienen padecimientos cardiacos.
Aprecia la música
La música, como una de las manifestaciones más elevadas del espíritu, mucho tiene que ver en la consecución de la felicidad. En esta investigación, por ejemplo, se notó que la música que escuchamos puede afectar la manera en que percibimos el mundo: una tonada triste nos hará ver un mundo triste, mientras que una feliz quizá aumente esa misma felicidad para el mundo.
Desconéctate
Aunque se trata de un fenómeno demasiado cercano (todavía) para estudiarse, varias voces han señalado ya los alarmantes niveles de ansiedad que acompañan nuestra vida perpetuamente conectada. El teléfono portátil, la computadora y otros gadgets mantienen casi de tiempo completo una parte de nosotros en ese otro mundo que es Internet y sus territorios. El fin de semana pasado el escritor estadounidense Jonathan Franzen publicó en The Guardian un ensayo en el que, entre varias otras cosas, denuncia este vicio del mundo contemporáneo en el que “tenemos que decir adiós a la estabilidad laboral y hola a una vida llena de ansiedad. Nos tenemos que volver tan incansables como el capitalismo”. Ante este panorama, ¿desconectarse no parece una alternativa deseable para la salud emocional? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si dejaras Internet por un año?
La importancia de la espiritualidad
El cultivo de la espiritualidad nos hace reconocer que somos algo más que materia. Que una parte muy importante de nosotros está hecha de elementos intangibles pero valiosos. En casi todos los casos la espiritualidad y el reconocimiento de lo sagrado en el mundo nos hacer ser agradecidos, generosos, pacientes, tolerantes, además de otras actitudes que, cuando practicadas, redundan en nuestra propia felicidad.
Ejercítate
Es sabido que el ejercicio físico libera endorfinas, además de otras sustancias neuroquímicas quemodifican nuestra actitud frente al mundo, casi siempre otorgándonos una sensación satisfactoria de la realidad. El ejercicio disminuye el estrés y algunos síntomas de la depresión, además demejorar nuestras habilidades cognitivas y hacernos apreciar más nuestro cuerpo.
Busca la naturaleza
Una caminata de veinte minutos revitaliza, tanto el cuerpo como la mente y el espíritu. De acuerdo con numerosos estudios, el contacto con la naturaleza despierta las sensaciones de bienestar y felicidad en quien así lo experimenta.
Duerme bien
Cada persona tiene su propio ritmo de sueño y descanso, pero en todos es importante que este se cumpla para que lo mismo el estado anímico que el bienestar corporal funcionen correctamente.
Ríe tanto como puedas
Reír es más que una expresión: es toda una reacción química de nuestro cuerpo en la cual se liberan sustancias que combaten el dolor y la tensión, fortalecen el sistema inmune e incluso,como el ejercicio físico, controlan el apetito y reducen el colesterol.
Fuente: Pijama Surf
El poder de la vida sin violencia - Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi
El Dr. Arun Gandhi, nieto de
Mahatma Gandhi y fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia,
en su lectura del 9 de Junio en la Universidad de Puerto Rico, compartió la
siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el parte de sus
padres:
Yo tenía 16 años y estaba
viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las
afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de
plantaciones de azúcar.
Estábamos bien al interior
del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos
entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.
Un día mi padre me pidió que
le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y
yo aproveché esa oportunidad.
Después de completar muy
rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré
tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del
tiempo.
Eran las 5:30 p. m. cuando
me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me
estaba esperando. Eran casi las 6 p. m. Él me preguntó con ansiedad: - ¿Por qué
llegas tarde?.
Me sentía mal por eso y no
le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije
que el auto no estaba listo y tuve que esperar... esto lo dije sin saber que mi
padre ya había llamado al taller.
Cuando se dio cuenta que
había mentido, me dijo: - Algo no anda bien en la manera como te he criado
puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar
que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a
pensar sobre esto.
Así que vestido con su traje
y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no
estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo... así que yo
manejé 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de
una mentira estúpida que yo había dicho.
Decidí desde ahí que nunca
más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese
castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos ¿hubiese
aprendido la lección?.
¡No lo creo!. Hubiese
sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no
violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.
¡Éste es el poder de
la vida sin violencia!.
Reflexiones de un nieto de Gandhi, quién al igual que su abuelo, se
dedica a promover la paz y la cultura de la no violencia, la "ahimsa".
"Todos sabemos quién era Mahatma Gandhi, conocemos su doctrina, su
obra, su vida y su muerte. Hemos leído sus libros, sabemos citas suyas de
memoria, pero la mayoría de las veces ahí nos quedamos, sin ir más lejos y lo
que realmente necesitamos es vivir de verdad sus palabras, integrarlas en nuestras
vidas, en nuestras acciones diarias."
"La tragedia es que en lugar de intentar comprender lo que
verdaderamente significa la no violencia, asumimos que ello es simplemente la
no existencia de guerras. La no violencia va mucho más allá, es algo individual.
Hemos de aprender a construir relaciones entre las personas, aprender a
respetar la filosofía y la religión de los demás. Por ello decimos que debemos
ser el cambio que queremos ver, porque a menos que hagamos el esfuerzo y
rompamos con los prejuicios, no vamos a crear paz en el mundo. Evidentemente
debemos cooperar con los políticos, pero no esperemos que ellos lo hagan por
nosotros: debemos tomar nuestra propia responsabilidad."
"Los padres deben centrar la atención en sus hijos, ver que ellos aprenden,
ver qué es lo que éstos aprenden y educarlos con palabras, con amor, y no con
ese materialismo desmesurado que nos venden constantemente en la televisión y
en los medios de comunicación. Lo que uno aprende hasta los cinco años es la
base de la persona adulta. La televisón se ha convertido en una especie de
canguro para los niños. ¡La familia es lo importante!"
"En una ocasión, yo era aún un niño, tiré un pequeño lapìcero y le
pedí uno nuevo a mi abuelo. El me ordenó ir a buscarlo y encontrarlo otra vez.
Me costó más de una hora, ya que lo había echado en el campo. Después me dijo:
para hacer este pequeño lápiz, se necesitan recursos naturales, madera. Cuando
lo tiras esto es violencia contra la naturaleza -y prosiguió- además estás
consumiendo recursos que otras personas (pobres) no tienen y pueden necesitar.
Eso es violencia contra la humanidad. Por otro lado, nunca pedía nada que él
mismo no hiciera, tenía muchísimo sentido del humor y una risa muy fuerte y
contagiosa."
Recuerda...
Abraza la soberbia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño no querido...
Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el amor...
Abraza al “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él hay un niño rechazado...
Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño abandonado...
Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado...
Abraza el desgano, la apatía, la falta de sentido, porque... detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quién no es...
Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado...
Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse y esta vez no pararán hasta ser escuchados...
Por favor, desde lo más profundo de mi corazón te pido, no los silencies más...
Aprende a integrarlo, a comprenderlo, a abrazarlo, a liberarlo, devolverlo a la vida, esta es la tarea de hoy.
Te aseguro que es el camino para que tu Divinidad baje a la tierra.
Baja por favor a la Tierra...
(Pamela Labatut)
Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el amor...
Abraza al “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él hay un niño rechazado...Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño abandonado...
Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado...
Abraza el desgano, la apatía, la falta de sentido, porque... detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quién no es...
Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado...
Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse y esta vez no pararán hasta ser escuchados...
Por favor, desde lo más profundo de mi corazón te pido, no los silencies más...
Aprende a integrarlo, a comprenderlo, a abrazarlo, a liberarlo, devolverlo a la vida, esta es la tarea de hoy.
Te aseguro que es el camino para que tu Divinidad baje a la tierra.
Baja por favor a la Tierra...
(Pamela Labatut)
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