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Felicidad, S.A.

NUEVA YORK – Según Sonja Lyubomirsky, uno tiene una punto de calibración de la felicidad. En parte está codificado en los genes.

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NUEVA YORK – Según Sonja Lyubomirsky, uno tiene un punto de calibración de la felicidad. En parte está codificado en los genes. Si sucede algo bueno, su sensación de felicidad aumenta; si sucede algo malo, cae.
Pero, de cualquier manera, antes de que pase mucho tiempo, su estado de ánimo regresa lentamente a su punto de calibración debido a un fenómeno realmente poderoso y perverso conocido en la ciencia como “adaptación hedónica”. Ya sabe, la gente se acostumbra a las cosas.
Con su libro de 2007, “The How of Happiness” (El cómo de la felicidad), y su continuación de este año, “The Myths of Happiness” (Los mitos de la felicidad), Lyubomirsky, profesora de sicología en la Universidad de California en Riverside, causó ondas expansivas en su campo pero también atrajo a un público más amplio, cimentando su lugar en una larga cadena de defensores de la industria de la felicidad, desde M. Scott Peck con “The Road Less Traveled” (El camino menos recorrido) hasta Martin E.P. Seligman y “Learned Optimism” (Optimismo aprendido) y Daniel Gilbert y su éxito de ventas “Stumbling on Happiness” (Tropezando con la felicidad).
Las conclusiones de Lyubomirsky pueden ser provocativas y, en ocasiones, contrarias a lo que se pudiera pensar. Los inquilinos son más felices que los dueños de casas, dice. Las experiencias positivas interruptoras las hacen más disfrutables. Los actos de bondad hacen a la gente sentirse más felices, pero no si uno se ve obligado a realizar el mismo acto con demasiada frecuencia. (Lleve el desayuno a la cama a su amado un día, y se siente grandioso. Hágalo todos los días, y se siente como una obligación.)
Lyubomirsky – de 46 años de edad y rusa – es una improbable gurú del estado de ánimo. “Realmente odio todas las caras sonrientes y los arcoíris y los gatitos”, dijo en su oficina. No muy a menudo cuenta sus bendiciones o escribe cartas de gratitud, de las cuales piensa que suenan falsas aun cuando su investigación sugiere que hacen a la gente más feliz.
Durante años, incluso le preocupó que el estudio de cómo incrementar la felicidad hiciera a su trabajo sonar demasiado práctico, demasiado ligero, demasiado como el de un coach de vida. Durante una década, se enfocó más bien en catalogar las características de las personas felices e infelices con desapego clínico, casi antropológico. Pero amigos, familiares, estudiantes, reporteros – todos – siguen preguntando: ¿Cómo funciona? ¿Cómo puede hacerse uno mismo más feliz?
Así que Lyubomirsky finalmente volvió su investigación a esas cuestiones.
Ahora, según Barbara Fredrickson, investigadora principal del Laboratorio de Emociones Positivas y Psicofisiología en la Universidad de Carolina del Norte, “Sonja es la reina de la felicidad”.
“Es una de las pocas personas que realmente investiga sobre la felicidad en sí”, dijo del ascenso de Lyubomirsky. “Es un tema de oferta y demanda”.
Un día en este invierno, una joven estudiante de postdoctorado tocó a la puerta de la oficina de Lyubomirsky, en busca de su opinión. La estudiante estaba pensando en diseñar un estudio para ver si los futuros padres eran más felices después de que sus esposas daban a luz. ¿O quizá debería estudiar cuál es la forma que más induce a la felicidad en que una mujer debería decir a su pareja que está embarazada? (A Lyubomirsky, que tiene bastante práctica en este departamento, le gustó la segunda opción.)
Posteriormente, otra estudiante encendió su laptop para discutir los datos que aparecían. “Mira a este estado de gratitud, eso es realmente extraño”, dijo Lyubomirsky, intrigada por la gráfica. “¿Qué sucedió aquí? ¿Era marzo?” El calendario escolar influye en los sujetos de investigación estudiantil: Todos son más felices después del descanso de primavera.
Entre los grandes sintonizadores que la gente puede manipular para afectar la felicidad personal está cómo nos comparamos con otros. Como ha descubierto Lyubomirsky en su laboratorio (y muchos de nosotros descubre en la oficina o en un bar), la gente infeliz se compara mucho y le importan mucho los resultados. Tienden a sentirse mejor cuando reciben malas evaluaciones pero se enterar que las de otros fueron peores que cuando reciben excelentes evaluaciones pero se enteran de que otros lo hicieron mejor.
En un experimento, documentado en “The Myths of Happiness”, Lyubomirsky pidió a dos voluntarios a la vez que usaran marionetas para enseñar una lección sobre la amistad a un público infantil imaginario. Después los titiriteros fueron evaluados en comparación con el otro: Tú lo hiciste muy bien pero tu compañero lo hizo mejor, o tú lo hiciste mal pero tu compañero estuvo aun peor.
A los voluntarios que eran más felices antes de la revisión de su labor como titiritero les preocupó un poco escuchar que se habían desempeñado peor que sus colegas pero en gran medida lo desecharon. Los voluntarios infelices se sintieron devastados.
Lyubomirsky escribe: “Parece que los individuos infelices se han creído la máxima sardónica atribuida a Gore Vidal: 'Para la verdadera felicidad, no es suficiente ser uno mismo exitoso. . Los amigos de uno deben fracasar’”. Esto, dice, es probablemente la razón de que un gran número de personas conozcan la palabra alemana schadenfreude (que describe la felicidad en la mala fortuna del otro) y casi nadie conozca el yiddish shep naches (la felicidad en el éxito del otro).
Lyubomirsky es una sorprendente apóstol de la alegría. Nacida en Moscú, emigró con sus padres y su hermano a Estados Unidos a los 9 años con ayuda de la Sociedad de Ayuda a los Inmigrantes Hebreos. Asentados en los suburbios de Washington, Distrito de Columbia, los padres de Lyubomirsky no se adaptaron muy rápidamente: Ambos cambiaron a empleos para los cuales estaban enormemente sobrecalificados. Durante años, la madre de Lyubomirsky lloraba cada que escuchaba a Tchaikovsky. Sonja aprendió inglés viendo “The Love Boat”. (Habla sin acento.) Su hermano, Ilya Lyubomirsky, un ingeniero, dijo que ella era “callada y muy estudiosa de niña”. Para cuando iba en bachillerato, relató su hermano, ella “floreció socialmente” para llegar a “saber relacionarse con la gente”.
Durante su primer semestre en Harvard, tomó un curso de Brendan Maher, el profesor de sicología a quien se atribuye cambiar la sicología de una ciencia blanda basada en descripciones a una dura basada en datos, y decidió que quería especializarse en el campo. Después de la universidad, se mudó al oeste a estudiar en Stanford, donde su asesor de la escuela de posgrado, Lee Ross, la llevó a un paseo por el jardín de las esculturas de Rodin de la escuela y le sugirió que estudiara la felicidad.
“En aquella época”, recordó Lyubomirsky, “sólo una persona estaba estudiando la felicidad: Edward Diener. En ese entonces se le llamaba 'bienestar subjetivo’ y el tema era considerado muy vago”.
En estos días, Lyubomirsky no se siente tan entusiasmada con la forma en que el campo de la sicología positiva ha sido encasillado. No se considera una sicóloga positiva. El término le molesta. Piensa que la palabra “positiva” es innecesaria, en la misma forma en que algunos se molestan por la palabra “gay” en matrimonios gay. La idea gira en torno totalmente del matrimonio, ¿no? “Realmente no estoy interesada en la gente feliz”, insistió. “Estoy interesada en cómo la felicidad cambia con el tiempo y qué estrategias pueden incrementar la felicidad”.
En casa, los dos hijos mayores de Lyubomirsky – una hija de 14 años y un hijo de 11 – parecen más absorbidos no por la felicidad sino por la irritabilidad, calificando a todos en la familia en esa escala, incluida su hermana de dos años de edad. (Lyubomirsky fue la primera.) Hace tres meses, la familia se mudó de su condominio a una casa espaciosa. El esposo de Lyubomirsky, Peter del Greco, un abogado que investiga fraudes de valores, quería comprar un gran televisor de alta definición. “Le dije: 'Te vas a adaptar’. Por supuesto, seguía queriéndola. Y se adaptó”.
Lyubomirsky no piensa que la gente realmente no aprenda a adaptarse. “Estamos demasiado enfocados en el ahora”, dijo. “El presente es demasiado imperioso. Se conecta directamente”.
Desde la mudanza, ha decorado su nueva sala de estar con muñecos apilables rusos de Boris Yeltsin y Dennis Rodman. Se ha adaptado a casi todo en la casa excepto a la ducha (tiene seis cabezas) y la vista al océano. Sin embargo, no le preocupa. Como sabe bien, enfocarse demasiado en la felicidad, hacerle demasiado un objetivo, tiende a resultar contraproducente. Así que no se detiene en ello.
“Recuerdo cuando estaba escribiendo el capítulo sobre las relaciones en 'The Myths of Happiness’”, dijo. “Un día, cuando conducía a casa, finalmente pensé: '¡Oh! Debería hacer algo agradable para mi esposo esta semana’”.
Por Elizabeth Weil, The New York Times News Service/Syndicate, Última actualización: 29/04/2013

Les dejo el Link de la Película ´´El camino del Guerrero´´, no puedo insertarla porque no esta habilitada esa posibilidad, pero les recomiendo verla.

http://youtu.be/KQjamLbBCR8

Resena: Dan (Scott Mechlowicz), un estudiante muy talentoso y arrogante, un popular y apuesto joven y un dedicado gimnasta, que en apariencia tiene todo y sin embargo no logra ser feliz. Se prepara para participar en los Juegos Olímpicos en gimnasia, pero continuamente se despierta por las noches con pesadillas y visiones que no puede explicar. Una buena noche, que no puede conciliar el sueño, sale a correr y hace una parada en una tienda de una gasolinera, el encargado es un misterioso sujeto al que después Dan llamará Sócrates (Nick Nolte), un anciano que tiene destrezas inexplicables y se mueve con una rapidez que ni él mismo soñó tener, así que le pide que le enseñe. Desde ese momento Dan comenzará un viaje de descubrimiento y aprendizaje que rompe todo lo que ha conocido, ahora aprenderá a valorar la conciencia sobre la inteligencia y la fuerza del espíritu más que la fortaleza del cuerpo.

Ellos dicen que el cielo es del Azul del Caribe... (Caribbean Blue - Enya)


Eurus… 
Así que el mundo gira y gira,
Con todo lo que siempre supiste,
Ellos dicen que el cielo,
es el Azul del Caribe,

Si cada hombre dice todo lo que puede,
si cada hombre es real,
Creo que el cielo, es
el Azul del Caribe,

…Boreas… …Zephyrus…
Si todo lo que dijiste, se transformó en oro,
Si todo lo que soñaste fue nuevo,
Imagina el cielo, muy arriba, en Azul de Caribe,

…Eurus…
…Afer Ventus..
…Boreas…
…Zephyrus…
…Africus…

Enya

COINCIDIR EN ESTA VIDA



Soy vecino de este mundo por un rato
y hoy coincide que también tú estás aquí
coincidencias tan extrañas de la vida
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...
y coincidir...


Si navego con la mente el universo
o si quiero a mis ancestros retornar
agobiado me detengo y no imagino
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...
y coincidir...


Si en la noche me entretengo en las estrellas
y capturo la que empieza a florecer
la sostengo entre las manos...mas me alarma
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...
y coincidir...

Si la vida se sostiene por instantes
y un instante es el momento de existir
si tu vida es otro instante... no comprendo
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio...
y coincidir...


(la cancion no me gusta pero.. nobleza obliga)
autor: Alberto Escobar
http://www.albertoescobar.com/idiomas.html

Un enfermo de cáncer terminal nos da 10 consejos para disfrutar la vida

En su blog, Denis Wright comparte sus días con miles de seguidores, mientras convive con un cáncer cerebral imposible de curar. En base a su experiencia, propone algunas claves para vivir mejor.
02/07/13
Con sus hijas, en el año 2010.

Desde hace tiempo, los blogs se convirtieron en un espacio para luchar contra el cáncer. Suena extraño, pero ya vimos varios ejemplos donde el humor y el positivismo se presentan como herramientas poderosas para los combatientes y para quienes los siguen detrás de sus computadoras. Ahora, la Web nos presentó a Denis Wright, quien convive desde diciembre del 2009 con el gliobastoma, el tipo de tumor cerebral más agresivo. Su enfermedad es, según los neurocirujanos que lo tratan, imposible de curar.
Denis tiene 66 años, es profesor de estudios asiáticos en la Universidad de Nueva Inglaterra y vive en Armidale, Australia. Dudó que sus dos hijas y el hijo de su pareja llegaran a verlo casado con Tracey, la mujer que lo ha amado y ha cuidado de él. Pero lo logró.
En varias ocasiones los médicos le dieron fechas en las que, supuestamente, iba a morir. Más allá de todos los pronósticos, Denis “¡aún está aquí!” como demuestra, con signos de admiración y todo, en su blog My unwelcome stranger (Mi huésped no invitado), que fue visitado más de 280.000 veces. También es un usuario activo en Twitter, donde lo siguen más de 1.400 personas.
“Mi objetivo es utilizar esta experiencia para tratar de iluminar la vida, así como también desmitificar el viaje”, metaforiza en el blog. Allí encontró un lugar para expresarse sobre las cosas buenas y malas que le pasaron, poniendo el foco en la enfermedad que tiene que atravesar: “su presencia me recuerda cada minuto que todos los días de la vida son un milagro”, destaca.
También le habla en forma directa a sus seguidores. “Este es un espacio para reflexionar sobre la vida, y un área interactiva donde podemos compartir nuestras experiencias con libertad. Sin ustedes, este blog no tiene razón de existir”, asegura a los fieles lectores de sus posteos. Para ellos también armó un listado que compartió con el sitio News.com.au, donde refleja 10 lecciones de vida que toda persona debería tener en cuenta:
1- No pases tu vida en un trabajo que odies. La vida es demasiado corta para vivirla solo a la tarde y los fines de semana.
2- Si en tu vida pasa algo malo sobre lo que no tengas control, aprendé todo lo que puedas sobre eso y cómo convivir con eso. Darte la cabeza contra una pared no tiene sentido.
3- Si creés que podés cambiar algo, entonces hacé todo lo posible para lograrlo.
4- No hay decisiones buenas o decisiones malas. Si hiciste algo que pensás que podría haber sido una mala elección, aprender de eso y podrás hacerlo mejor la próxima vez. 
5- No te agobies por el pasado pensando que podrías haberlo cambiado. Mejor, dedicate a vivir el presente.
6- Disculpate lo más rápido posible cuando pienses que le hiciste mal a alguien. No intentes fingir que sos perfecto, aceptá tu responsabilidad.
7- Mantené todas tus opciones abiertas tanto tiempo como puedas. No las cierres antes de tiempo.
8- Tratá de mantener tu sentido del humor, aunque no siempre sea posible.
9- Carpe diem… O, para variar, ¡aprovechá el día!

Y, por último, la lesión más importante si consideramos de quién viene y hacia quienes va:

10- No le tengas miedo de la muerte. Si no le temés, no temerás nada que pueda depararte la vida.

Vanesa López  / valopez@agea.com.ar / t: @vanelop

Felicidad


Actitud y coraje - Una mujer parapléjica surfeando

El pescador

En cierta ocasión iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también con marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo), su calzado deportivo (donde todo era marca), su móvil colgado de la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo ( sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla).
 
Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le acercó…
- ¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado… ¿No es muy temprano para volver de faenar?
El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo:
- ¿Temprano? ¿Por qué lo dices? De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito.
- ¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es eso posible? – dijo incrédulo, el ejecutivo.
El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió:
-Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama, felices.
El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad de hacer de consultor del pescador:
- Verá, si me lo permite, le diré que está usted cometiendo una grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un pay-back impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado.
El pescador se lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adónde quería llegar aquel hombre de treinta y pico años ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida. Y el ejecutivo siguió:
- Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a diez de la noche.
El pescador entonces se encogió de hombros y le dijo:
- Y eso, ¿para qué?
- ¡¿Cómo que para qué?! ¡Obtendría por lo menos el triple de pescado! ¡¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes?! En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón…
El pescador volvió a intervenir:
- ¿Otro barco? ¿Y para qué quiero otro barco y además un patrón?
- ¿Que para qué lo quiere? ¡¿No lo ve?! ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativamente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas de su pesca diaria!
Y el pescador volvió a preguntar:
- Pero todo eso, ¿para qué?
- ¡Hombre! ¡¿Pero está ciego o qué?! Porque entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría una flota de unos ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Qué además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente!
Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió:
- ¿Y para qué quiero yo todo eso?
Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo:
- ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta,…?
El pescador respondió:
- ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?