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Soltar el control y abrazar la vida

Nuestra sociedad perfectamente estructurada nos ha hecho creer que hay un manual para todo, que si damos los pasos adecuados obtendremos los resultados deseados. Ese mensaje nos ha convertido en maniáticos del control. Nos ha transformado en personas que pretenden que las cosas funcionen según sus expectativas, personas que intentan controlar cada detalle, para que nada se salga del guión.
 

Sin embargo, una de las lecciones más difíciles que la vida se encarga de enseñarnos es que existe el caos, que seguir una serie de pasos perfectamente estructurados no nos garantiza el éxito y que las cosas no siempre ocurren cuando estamos preparados. La adversidad puede golpearnos en cualquier momento, y si nos aferramos al control y pretendemos ir en contra de la corriente natural de la vida, solo sufriremos más y en ocasiones incluso le haremos daño a quienes nos rodean.

Este maravilloso corto nos transmite la valiosa enseñanza que aprendió Dechen, un niño que está formándose en el budismo tibetano y que tiene una gran pasión por la jardinería. El chico encuentra una flor en medio de una tormenta y, para protegerla, la lleva al monasterio pero, a pesar de sus cuidados, la planta comienza a marchitarse. Esa situación genera un gran desconsuelo en el protagonista, que no es capaz de aceptar lo que está sucediendo. No obstante, lo que ocurre cuando decide soltar el control es simplemente mágico.

Lo escrito en el video es una frase del Dalai Lama Nro. 14:

- Reducir los apegos hacia la vida.
- Eliminar los apegos al samsara (
ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación (renacimiento en el budismo).
- Eliminar la ego.

¿Qué nos enseña este corto?

Todos tenemos esa flor en nuestra vida y es probable que todos en algún momento nos comportemos como el chico del corto. Esa flor puede simbolizar diferentes cosas: puede tratarse de una relación de pareja, en la que pretendemos controlar al otro porque confundimos el amor con la posesión, o puede representar al hijo al que no dejamos volar con sus propias alas.

También puede ser el reflejo de un proyecto muy importante para nosotros que nos resistimos a cambiar, aunque todas las señales nos indiquen que vamos por mal camino. En otros casos puede identificarse con algunas emociones o pensamientos recurrentes que no terminamos de aceptar y que nos hacen daño.

En cualquier caso, podemos aprender mucho de este corto e intentar aplicar sus enseñanzas a nuestra vida, sobre todo cuando nos golpea la adversidad:

- La mayor muestra de amor, y también la más difícil, es dejar que los otros sean ellos mismos. Cada persona debe tomar sus decisiones y cometer sus propios errores, solo así aprenderá y crecerá. Intentar controlar la vida de los demás, aunque sea “por su bien” es una intromisión que probablemente solo causará daño.

- Hay muchos caminos para lograr un objetivo, a veces podemos llegar a la meta por un sendero que no habíamos previsto al inicio. Sin embargo, si nos empecinamos en seguir por el camino que habíamos trazado, sin hacerle caso a las señales que nos indican que estamos nadando contra la corriente, nos cerraremos a las otras oportunidades y quizá el resultado nos decepcionará. Por eso, es importante seguir el Wu-Wei, que nos enseña que no hay que hacer nada, pero no hay que dejar nada por hacer, lo cual significa que debemos vivir sin aprehensión, aprendiendo a aprovechar las circunstancias.

- Debemos confiar más en el curso natural de los acontecimientos, aunque estos puedan ser dolorosos. La resistencia no borrará lo sucedido, por lo que la mejor manera de continuar adelante es aceptar lo ocurrido, lo cual no significa negar las emociones sino asumirlas y encontrarles un sentido que nos permita aprender de la experiencia. Confía en que lo que debe ser será, a su debido tiempo y ten siempre en mente las palabras de Séneca: quien sufre antes de tiempo, sufre más de lo necesario”.

Fuente: http://www.rinconpsicologia.com

Lo que aprendí de la depresión - Juan Luis Guerra

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La depresión. Ese estado de tristeza profunda, de introspección, en el que uno siente que nada merece la pena, que la vida no tiene sentido. Los pensamientos se vuelven oscuros y tanto el presente como el futuro se viven de forma negativa. No hay esperanza, nos sentimos perdidos en un laberinto: uno mismo, la vida, los demás y el mundo en general no son percibidos con ilusión, sino todo lo contrario.
La depresión es un monstruo poderoso que quiere limitar nuestra vida, hacerla más pequeña y robarnos nuestros deseos, objetivos e ilusiones.
Lo bueno es que podemos combatir a ese monstruo, como así lo demostró el conocido cantante Juan Luis Guerra alla por 1995. Cada cual usará la espada que mejor le venga para afrontarlo, pero lo cierto es que si ponemos a trabajar nuestra fuerza de voluntad y no dejamos que el desánimo consuma nuestras fuerzas, el monstruo acabará muriendo. Saldremos de ese túnel de sombras que nos amenazaba, escondiendo su salida y atrayéndonos cada vez más a niveles más profundos.
Nos daremos cuenta de que ese monstruo en la mayoría de los casos es creado y alimentado por nosotros mismos debido a nuestra manera de interpretar lo que nos rodea así como de comportarnos. Si nos esforzamos un poco y somos disciplinados, poco a poco iremos saliendo de ese pozo y descubriendo los reforzadores y alicientes que tiene la vida, que son muchos.

 

Alguien que lo tenía todo y aun así sufrió depresión

“Era un desgraciado. Uno de esos ganadores que tienen la mala suerte de conseguir todo lo que se proponen. Había sufrido en sus propios huesos la fatalidad de alcanzar su sueño. La vida, en su primer tercio de existencia, le había dado todo y, en consecuencia, le quitó de cuajo el derecho a soñar. Ya no podía, como el resto de la gente, echarle la culpa a nadie ni a nada de esa insatisfacción repentina, de los ratos de tristeza, de los momentos de ansiedad…”
Como bien nos cuenta mediante estas palabras el cantante Juan Luis Guerra, había sido alguien que, por desgracia o por fortuna, lo había conseguido absolutamente todo en su vida: Tenía dinero, una mujer maravillosa a su lado, una hija, se dedicaba a la música que era lo que siempre le había apasionado, la gente lo admiraba, etc…

¿Por qué cayó entonces Juan Luis Guerra en la depresión? Como bien dice él, conseguirlo todo muchas veces puede ser un arma de doble filo. Uno crece pensando que cuantos más elementos materiales e inmateriales tengamos en nuestra vida, más felices seremos. Pero eso no es cierto y la clave de la felicidad no la venden en ninguna tienda.
Nada ni nadie tiene poder para hacer feliz a otro ser, tampoco para hacerlo infeliz. Se trata de mí, de lo que me digo, de mis frases interiores, lo que hace que llegue o no a ser alguien con una vida plena.
Cuando alguien consigue todo lo que se propone, alcanza una meta a partir de la cual se pregunta ¿Y ahora qué? Como bien dice el dicho: “La felicidad está en la sala de espera de la felicidad”. Cuando llegamos por fin a eso que se supone que va a dar sentido a nuestra vida y a hacernos las personas más felices del Universo nos damos cuenta de que no sucede.
Puede haber un momento primero de exaltación y emoción desbordada, pero poco a poco todo va perdiendo valor, ya que nada de lo que creemos que nos falta, en realidad nos falta. Son solo ilusiones que una vez obtenidas, se evaden. Son placeres efímeros, momentáneos y en muchos casos costosos.
Es por ello que tenerlo todo no da la felicidad. Ni el dinero, ni la fama, ni el trabajo, ni la pareja…nada de esto es productor o determinante de una vida feliz.
Puedo tener todo eso y como Juan Luis Guerra, caer en depresión. Por el contrario, puedo no tener nada de esto y ser un ser plenamente feliz. Todo depende de mi interior, de mi forma de filtrar lo que me sucede.

 

¿Cómo salió Juan Luis Guerra de la depresión?

El cantante cuenta que no se sentía nunca en paz, siempre nervioso, tomando pastillas para dormir e intranquilo en cualquier lugar. Se dio cuenta de que necesitaba encontrar la paz y él, particularmente, la encontró apoyándose en la religión. Quiso llamarle Dios a su curación emocional diciendo que no es que hubiese empezado a creer en Dios, si no que ahora creía a Dios, que no es lo mismo. “Dios es mi mejor ansiolítico”, decía él.
 
Pero en realidad Juan Luis Guerra lo que hizo fue empezar a abrir su mente y a apreciar las pequeñas cosas de la vida. Seamos o no creyentes, no podemos negar que La Biblia alberga muchos capítulos en los que se habla de la aceptación, de la humildad, de las falsas necesidades… 

Así lo hizo el cantante. Aprendió las enseñanzas que la religión le había transmitido y las hizo suyas. Grabó un disco, llamado Para ti, en el que todas las canciones son de temática religiosa.

Juan Luis Guerra aprendió otra manera de pensar, comenzó a aceptar mejor los vaivenes de la vida y gracias a su fe en Dios, que era quien le transmitía la paz que necesitaba, comenzó a salir del pozo.

Quizás al leer esto pienses que no te sirve porque no eres religioso, pero esa la cuestión. Seamos o no creyentes, la clave es no querer siempre más y más, no quejarnos siempre por lo que no tenemos, no pensar que si relleno mis huecos vacíos con más cosas, seré más feliz. La clave tiene que ver con apreciar y degustar plenamente lo que tengo, que si nos paramos a pensar, es muchísimo; y no pretender obtener más, ya que no nos hace falta.

The Cello Song - (Bach) - The Piano Guys