Bienvenidos a mi blog y muchas gracias por su visita! Este es un espacio donde comparto lo que me gusta y lo que otros amablemente compartieron conmigo a modo de archivo personal. Refleja mis intereses, mi forma de pensar y sentir a través de los años desde que nació esta página. Espero que disfruten su estadia! Mucha suerte y ....... Buen viaje / BUENA VIDA!!
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La felicidad debe nacer en TU interior, no al lado de ALGUIEN
Parte fundamental de vivir verde es vivir en armonía
interna, estar en paz con nosotros mismos nos permite brindar a otros lo que
necesitan y sentirnos mejor.
Para alcanzar la felicidad, en primer lugar, debemos
estar en paz y a gusto con nosotros mismos. A partir de ahí podremos propiciar
este estado en todo aquello que emprendamos.
La felicidad puede construirse de muy diversas formas.
Ya sea en soledad o al lado del ser amado, esta
emoción positiva y gratificante parte siempre de un lugar muy específico y casi
mágico: nuestro cerebro emocional.
Por este motivo debemos tener claro un aspecto
esencial: estar junto a alguien que queremos es algo maravilloso pero, en
ocasiones, incluso teniendo la mejor pareja del mundo, si no estamos bien con
nosotros mismos, la felicidad completa nunca será posible.
El bienestar, el equilibrio y la alegría deben nacer
siempre de nuestro interior. La paz de nuestro corazón sintiéndose bien con
todo lo que somos y tenemos es el mejor camino hacia la felicidad, ya sea en
soledad o en compañía.
Te invitamos a reflexionar sobre ello.
En las últimas décadas si hay un tema cada vez más
buscado en las librerías es el referente al crecimiento personal o a cómo
construir nuestra felicidad en estos tiempos difíciles.
Sin duda, resulta curioso cómo a medida que avanza la
sociedad, en cuanto a recursos y tecnologías, más acontece ese sentimiento de
vacío interior, de soledad y de tristeza.
Queda claro que cada persona es un mundo, y que todos
tenemos nuestros universos personales donde intentar ser felices, pero este
tipo de malestar donde, en ocasiones, tenemos la clara sensación de que nunca
alcanzaremos la felicidad, es casi un sentimiento constante.
Un libro recomendable sobre este tema y que nos puede
invitar a reflexionar es “Se puede ser feliz en Alaska“. Enfocado
desde la psicología cognitiva, nos ayuda de una forma lúdica y práctica a
afrontar situaciones tan complejas como el estrés, la depresión o la ansiedad.
Las personas fueron creadas para ser amadas, las
cosas, por su parte fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo
está en caos es porque las cosas están siendo amadas, y las personas usadas.
“Se puede ser feliz en Alaska” -Rafael
Santandreu-
Un presente sin miedo
La felicidad es, ante todo, carencia de
miedo.
A pesar de que esta emoción tenga una utilidad
evolutiva imprescindible, la de hacer que evitemos todo aquello que nuestro
cerebro procesa como algo peligroso, el miedo viene en ocasiones desde
dimensiones un poco más sutiles:
- Miedo a la soledad.
- Miedo a no ser amados como nosotros queremos.
- Miedo a no alcanzar los objetivos que nos proponemos cada día.
- Miedo a no ser como los demás esperan que seamos.
- Miedo a que las cosas cambien -o a que no cambien-.
- Miedo a perder determinas cosas, determinadas personas.
Todo ello son situaciones que, sin duda, nos son muy
conocidas. Así pues, el primer paso para construir esa felicidad interior es racionalizar
el miedo, comprenderlo y empequeñecerlo.
Una forma de conseguirlo es precisamente fortaleciendo
nuestra autoestima y evitando estar tan “apegados” a cosas o personas.
Aprende a caminar ligero
Caminar ligero no quiere decir en absoluto que no
debamos tener a nadie a nuestro lado. Al contrario. Pocas cosas son tan
maravillosas como llevar de la mano a nuestra familia, a nuestra pareja, a esos
amigos que son tesoros en nuestro corazón.
- Ahora bien, esos compañeros de vida deben permitirnos, a su vez,
“caminar ligeros”. Quien gusta de colocarse sobre nuestra espalda para
recordarnos nuestros fallos, para susurrarnos por dónde debemos ir y qué
senderos evitar no favorece nuestro crecimiento ni nuestra felicidad.
- Caminar sin pesos es saber dejar a un lado lo que hace daño,
lo que veta nuestra autoestima e identidad.
- Avanzar en libertad implica también saber cuáles son nuestras
prioridades. Este es un ejercicio de reflexión que te invitamos a llevar a
cabo ahora mismo.
Una vez conocemos qué es lo más importante para
nosotros, basta con luchar por ello. Todo lo demás es secundario.
El amor propio es una relación que debe
durar toda la vida
La felicidad es un estado que viene y va, lo sabemos.
Entendemos también que lo fundamental es disponer de
ese equilibrio interno donde los pensamientos armonicen con nuestras
emociones y a su vez, con las acciones que llevamos a cabo cada día.
- Este mecanismo perfecto donde mente y emociones van de la mano para
ser tranquilos creadores de nuestra realidad parte también de un
constructo psicológico esencial: el amor propio.
- El amor propio es ese vínculo fabuloso que nos une a nosotros
mismos y no al lado de nadie. Los demás no son quienes
para decirte cuándo debes ser feliz y cuándo no de acuerdo a sus
caprichos.
- Somos nosotros mismos los que debemos luchar cada día por
nuestro bienestar haciendo uso del amor propio.
Cuando una persona está bien consigo misma, cuando
apaga sus miedos y siembra de ilusiones su horizonte, entonces la felicidad
parte de su interior para abrazar a quienes tiene a su alrededor.
Es algo que vale la pena propiciar
Vía Diario Ecología
Aceptacion de la muerte
Nuestro camino está lleno de conceptos opuestos que no pueden existir si no es en contraposición del otro. Así pues, no hay personas altas sino existieran las bajas, guapos sin feos, lentos sin rápidos… Una sucesión de antónimos con miles de acepciones intermedias; pues al fin y al cabo, entre el blanco y el negro siempre encontrarás los grises.
De entre todos ellos, no
hay dos conceptos enfrentados tan extremos como son la vida y la muerte. El
nacimiento y consiguiente viaje de experiencias y aprendizaje, que
culmina siempre y de forma inexorable con la muerte: la única cosa segura que
hay en la vida.
La muerte, ¿cuánto se ha
escrito sobre ella? y ¿por qué nos cuesta tanto aceptarla? Siempre que pienso
en ella y en los seres queridos que he perdido, no puedo evitar acordarme del
magnífico discurso sobre la aceptación de la muerte del filósofo,
escritor y locutor británico Alan Wilson Watts.
Fallecido en 1973, Alan Watts
fue un reputado teólogo y estudioso del budismo, el cristianismo y otras
religiones, así como de otras disciplinas puramente científicas como la
filosofía, la historia, la psicología y la psiquiatría.
En mi humilde opinión Watts
consiguió escribir uno de los discursos más bonitos y reconfortantes de la
historia, y es un gran consuelo en momentos de duelo, sean cuales sean tus
creencias.
No dejéis de escucharlo,
porque sin ninguna duda una vez que lo conozcas no
lo olvidarás jamás.
Autor: Kike Perez
Fuente: La voz del muro
¿Será tu media naranja?
Un estudio de psicología experimental revela que los sentimientos automáticos son más acertados que los conscientes
"Los recién casados conocen de forma implícita si su matrimonio será grato”, dice el responsable del estudio. PICHI CHUANG REUTERS
Los
sentimientos automáticos, viscerales y
más bien inconscientes que tenemos hacia nuestras nuevas parejas tienden a ser
acertados, según se puede comprobar en la vida real cuatro años después. De
hecho, son siempre más acertados que esos otros sentimientos, los que
albergamos con plena consciencia y admitimos abiertamente a la mínima ocasión.
Son los resultados de una investigación de psicología experimental que tres
universidades estadounidenses han estado haciendo con 135 parejas durante los
últimos cuatro años, y lo bastante sólido como para presentarlo en la revista Science.
El
responsable de la investigación, el psicólogo James McNulty de la Universidad Estatal de Florida,
tal vez sea el primer científico que ha titulado un artículo técnico con un twit: “Aunque lo desconozcan, los recién casados
conocen de forma implícita si su matrimonio será grato”. Directo, al punto y
claro como el cristal.
Una
tradición de la psicología social ha sostenido durante décadas que los procesos
automáticos de la mente producen efectos sociales, pero la teoría carecía hasta
ahora de soporte empírico y había empezado a ser cuestionada. El experimento de
McNulty y sus colegas aporta exactamente esa clase de evidencia que se echaba
de menos.
Los
psicólogos han estudiado a 135 parejas heterosexuales desde que estaban recién
casadas hasta cuatro años después, haciéndoles un examen cada seis meses
durante ese periodo. Cada vez les han preguntado —por supuesto, a cada miembro
de la pareja por separado— sus sentimientos explícitos sobre el cónyuge. Pero
también han medido, con los trucos enrevesados típicos de la psicología
experimental, sus sensaciones viscerales sobre
su pareja, la clase de sentimiento que no se revela filtrada ni metabolizada
por la razón, sino que surge virgen y brutal de las capas más oscuras de
nuestro cerebro profundo o reptiliano.
Por
ejemplo, los investigadores muestran al sujeto una foto de su cónyuge durante
solo 300 milisegundos (menos de un tercio de segundo) seguida rápidamente por
una palabra como “imponente” o “genial”, o bien por una como “horrible” o
“espantoso”. El sujeto tiene que decir (pulsando una tecla) si la imagen va
bien con la palabra o no. Los psicólogos experimentales tienen bien documentado
que, en esas condiciones, el tiempo de reacción delata las sensaciones
viscerales, o sentimientos automáticos, del voluntario.
Si
el sujeto realmente siente que su cónyuge es “imponente”, pulsa la tecla a la
velocidad del rayo. No así en caso contrario, por más que jure y perjure. Son
técnicas clásicas de los psicólogos para hurgar en nuestras entrañas más
recónditas, en aquellas sensaciones que no queremos confesarnos ni a nosotros
mismos.
El
resultado ha pasado todos los filtros estadísticos y está más claro que el
agua: si uno quiere saber qué va a ser de su vida de pareja dentro de unos
años, lo mejor que puede hacer es atender a sus vísceras. Los sentimientos
plenamente conscientes, o explícitos, fallan más que una escopeta de feria. Pueden
ser un autoengaño o un engaño literal —solo para los demás—, pero en cualquier
caso no dan ni una. Solo las tripas dicen la verdad, o predicen el futuro.
Triste resultado para nuestros lóbulos frontales.
“No
estoy seguro de que nuestros lóbulos frontales sean ajenos a nuestras actitudes
automáticas”, dice McNulty a EL PAÍS, “pero lo que sí puedo decir es que, a
veces, nuestros sentimientos viscerales (gut-level feelings)
pueden ser más certeros que nuestros pensamientos más deliberativos”.
Sobre
el rompedor título de su paper, McNulty
comenta sin falsa modestia, o sin modestia de ninguna clase: “Los títulos
inteligentes se están volviendo la norma en mi disciplina, la psicología
social”. Ya
lo saben.
Fuente: El Pais.com
Autor: Javier Sampedro
Que se siente ser vieja?
El otro
día, una persona joven me preguntó: -¿Qué sentía al ser vieja?-
Me
sorprendió mucho la pregunta, ya que no me consideraba vieja.
Cuando
vio mi reacción, inmediatamente se apenó, pero le expliqué que era una pregunta
interesante.
Y después de reflexionar, concluí que hacerse viejo es un regalo.
A veces me sorprendo de la persona que vive en mi
espejo. Pero no me preocupo por esas cosa mucho tiempo. Yo no cambiaría todo lo
que tengo por unas canas menos y un estomago plano. No me regaño por no hacer
la cama, o por comer algunas "cositas" de más. Estoy en mi derecho de
ser un poco desordenada, ser extravagante y pasar horas contemplando mis
flores.
He visto algunos queridos amigos irse de este
mundo, antes de haber disfrutado la libertad que viene con hacerse viejo.
-¿A quién le interesa si elijo leer o jugar en la
computadora hasta las 4 de la mañana y después dormir hasta quien sabe qué
hora?-
Bailaré conmigo al ritmo de los 50's y 60's. Y si
después deseo llorar por algún amor perdido...¡Lo haré!
Caminaré por la playa con un traje de baño que se
estira sobre el cuerpo regordete y haré un clavado en las olas dejándome ir, a
pesar de las miradas de compasión de las que usan bikini. Ellas también se
harán viejas, si tienen suerte...
Es verdad que a través de los años mi corazón ha
sufrido por la pérdida de un ser querido, por el dolor de un niño, o por ver
morir una mascota. Pero es el sufrimiento lo que nos da fuerza y nos hace
crecer. Un corazón que no se ha roto, es estéril y nunca sabrá de la felicidad
de ser imperfecto. Me siento orgullosa por haber vivido lo suficiente como para
que mis cabellos se vuelvan grises y por conservar la sonrisa de mi juventud,
antes de que aparezcan los surcos profundos en mi cara.
Ahora bien, para responder la pregunta con
sinceridad, puedo decir: -¡Me gusta ser vieja, porque la vejez me hace más
sabia, más libre!-.
Se que no voy a vivir para siempre, pero mientras
esté aquí, voy a vivir según mis propias leyes, las de mi corazón. No pienso
lamentarme por lo que no fue, ni preocuparme por lo que será. El tiempo que
quede, simplemente amaré la vida como lo hice hasta hoy, el resto se lo dejo a lo que me quede de vida.
Anónimo
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