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Entrevista a Jane Goodal - Cada individuo es determinante con las desiciones que toma (Etica y respeto por los seres vivos).

La felicidad debe nacer en TU interior, no al lado de ALGUIEN

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Parte fundamental de vivir verde es vivir en armonía interna, estar en paz con nosotros mismos nos permite brindar a otros lo que necesitan y sentirnos mejor.
Para alcanzar la felicidad, en primer lugar, debemos estar en paz y a gusto con nosotros mismos. A partir de ahí podremos propiciar este estado en todo aquello que emprendamos.
La felicidad puede construirse de muy diversas formas.
Ya sea en soledad o al lado del ser amado, esta emoción positiva y gratificante parte siempre de un lugar muy específico y casi mágico: nuestro cerebro emocional.
Por este motivo debemos tener claro un aspecto esencial: estar junto a alguien que queremos es algo maravilloso pero, en ocasiones, incluso teniendo la mejor pareja del mundo, si no estamos bien con nosotros mismos, la felicidad completa nunca será posible.
El bienestar, el equilibrio y la alegría deben nacer siempre de nuestro interior. La paz de nuestro corazón sintiéndose bien con todo lo que somos y tenemos es el mejor camino hacia la felicidad, ya sea en soledad o en compañía.
Te invitamos a reflexionar sobre ello.
En las últimas décadas si hay un tema cada vez más buscado en las librerías es el referente al crecimiento personal o a cómo construir nuestra felicidad en estos tiempos difíciles.
Sin duda, resulta curioso cómo a medida que avanza la sociedad, en cuanto a recursos y tecnologías, más acontece ese sentimiento de vacío interior, de soledad y de tristeza.
Queda claro que cada persona es un mundo, y que todos tenemos nuestros universos personales donde intentar ser felices, pero este tipo de malestar donde, en ocasiones, tenemos la clara sensación de que nunca alcanzaremos la felicidad, es casi un sentimiento constante.
Un libro recomendable sobre este tema y que nos puede invitar a reflexionar es “Se puede ser feliz en Alaska“. Enfocado desde la psicología cognitiva, nos ayuda de una forma lúdica y práctica a afrontar situaciones tan complejas como el estrés, la depresión o la ansiedad.
Las personas fueron creadas para ser amadas, las cosas, por su parte fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque las cosas están siendo amadas, y las personas usadas.
“Se puede ser feliz en Alaska” -Rafael Santandreu-
Un presente sin miedo
La felicidad es, ante todo, carencia de miedo.
A pesar de que esta emoción tenga una utilidad evolutiva imprescindible, la de hacer que evitemos todo aquello que nuestro cerebro procesa como algo peligroso, el miedo viene en ocasiones desde dimensiones un poco más sutiles:
  • Miedo a la soledad.
  • Miedo a no ser amados como nosotros queremos.
  • Miedo a no alcanzar los objetivos que nos proponemos cada día.
  • Miedo a no ser como los demás esperan que seamos.
  • Miedo a que las cosas cambien -o a que no cambien-.
  • Miedo a perder determinas cosas, determinadas personas.
Todo ello son situaciones que, sin duda, nos son muy conocidas. Así pues, el primer paso para construir esa felicidad interior es racionalizar el miedo, comprenderlo y empequeñecerlo.

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Una forma de conseguirlo es precisamente fortaleciendo nuestra autoestima y evitando estar tan “apegados” a cosas o personas.
Aprende a caminar ligero
Caminar ligero no quiere decir en absoluto que no debamos tener a nadie a nuestro lado. Al contrario. Pocas cosas son tan maravillosas como llevar de la mano a nuestra familia, a nuestra pareja, a esos amigos que son tesoros en nuestro corazón.
  • Ahora bien, esos compañeros de vida deben permitirnos, a su vez, “caminar ligeros”. Quien gusta de colocarse sobre nuestra espalda para recordarnos nuestros fallos, para susurrarnos por dónde debemos ir y qué senderos evitar no favorece nuestro crecimiento ni nuestra felicidad.
  • Caminar sin pesos es saber dejar a un lado lo que hace daño, lo que veta nuestra autoestima e identidad.
  • Avanzar en libertad implica también saber cuáles son nuestras prioridades. Este es un ejercicio de reflexión que te invitamos a llevar a cabo ahora mismo.
Una vez conocemos qué es lo más importante para nosotros, basta con luchar por ello. Todo lo demás es secundario.
El amor propio es una relación que debe durar toda la vida
La felicidad es un estado que viene y va, lo sabemos.
Entendemos también que lo fundamental es disponer de ese equilibrio interno donde los pensamientos armonicen con nuestras emociones y a su vez, con las acciones que llevamos a cabo cada día.
  • Este mecanismo perfecto donde mente y emociones van de la mano para ser tranquilos creadores de nuestra realidad parte también de un constructo psicológico esencial: el amor propio.
  • El amor propio es ese vínculo fabuloso que nos une a nosotros mismos y no al lado de nadie. Los demás no son quienes para decirte cuándo debes ser feliz y cuándo no de acuerdo a sus caprichos.
  • Somos nosotros mismos los que debemos luchar cada día por nuestro bienestar haciendo uso del amor propio.
Cuando una persona está bien consigo misma, cuando apaga sus miedos y siembra de ilusiones su horizonte, entonces la felicidad parte de su interior para abrazar a quienes tiene a su alrededor.
Es algo que vale la pena propiciar

El viaje del ADN - Un mundo abierto comienza con una mente abierta

Aceptacion de la muerte

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Nuestro camino está lleno de conceptos opuestos que no pueden existir si no es en contraposición del otro. Así pues, no hay personas altas sino existieran las bajas, guapos sin feos, lentos sin rápidos… Una sucesión de antónimos con miles de acepciones intermedias; pues al fin y al cabo, entre el blanco y el negro siempre encontrarás los grises.

De entre todos ellos, no hay dos conceptos enfrentados tan extremos como son la vida y la muerte. El nacimiento y consiguiente viaje de experiencias y aprendizaje, que culmina siempre y de forma inexorable con la muerte: la única cosa segura que hay en la vida.


La muerte, ¿cuánto se ha escrito sobre ella? y ¿por qué nos cuesta tanto aceptarla? Siempre que pienso en ella y en los seres queridos que he perdido, no puedo evitar acordarme del magnífico discurso sobre la aceptación de la muerte del filósofo, escritor y locutor británico Alan Wilson Watts.

Fallecido en 1973, Alan Watts fue un reputado teólogo y estudioso del budismo, el cristianismo y otras religiones, así como de otras disciplinas puramente científicas como la filosofía, la historia, la psicología y la psiquiatría.
En mi humilde opinión Watts consiguió escribir uno de los discursos más bonitos y reconfortantes de la historia, y es un gran consuelo en momentos de duelo, sean cuales sean tus creencias.

No dejéis de escucharlo, porque sin ninguna duda una vez que lo conozcas no lo olvidarás jamás.


Autor: Kike Perez
Fuente: La voz del muro

¿Será tu media naranja?

Un estudio de psicología experimental revela que los sentimientos automáticos son más acertados que los conscientes

"Los recién casados conocen de forma implícita si su matrimonio será grato”, dice el responsable del estudio.
"Los recién casados conocen de forma implícita si su matrimonio será grato”, dice el responsable del estudio.  REUTERS

Los sentimientos automáticos, viscerales y más bien inconscientes que tenemos hacia nuestras nuevas parejas tienden a ser acertados, según se puede comprobar en la vida real cuatro años después. De hecho, son siempre más acertados que esos otros sentimientos, los que albergamos con plena consciencia y admitimos abiertamente a la mínima ocasión. Son los resultados de una investigación de psicología experimental que tres universidades estadounidenses han estado haciendo con 135 parejas durante los últimos cuatro años, y lo bastante sólido como para presentarlo en la revista Science.
El responsable de la investigación, el psicólogo James McNulty de la Universidad Estatal de Florida, tal vez sea el primer científico que ha titulado un artículo técnico con un twit: “Aunque lo desconozcan, los recién casados conocen de forma implícita si su matrimonio será grato”. Directo, al punto y claro como el cristal.
Una tradición de la psicología social ha sostenido durante décadas que los procesos automáticos de la mente producen efectos sociales, pero la teoría carecía hasta ahora de soporte empírico y había empezado a ser cuestionada. El experimento de McNulty y sus colegas aporta exactamente esa clase de evidencia que se echaba de menos.
Los psicólogos han estudiado a 135 parejas heterosexuales desde que estaban recién casadas hasta cuatro años después, haciéndoles un examen cada seis meses durante ese periodo. Cada vez les han preguntado —por supuesto, a cada miembro de la pareja por separado— sus sentimientos explícitos sobre el cónyuge. Pero también han medido, con los trucos enrevesados típicos de la psicología experimental, sus sensaciones viscerales sobre su pareja, la clase de sentimiento que no se revela filtrada ni metabolizada por la razón, sino que surge virgen y brutal de las capas más oscuras de nuestro cerebro profundo o reptiliano.
Por ejemplo, los investigadores muestran al sujeto una foto de su cónyuge durante solo 300 milisegundos (menos de un tercio de segundo) seguida rápidamente por una palabra como “imponente” o “genial”, o bien por una como “horrible” o “espantoso”. El sujeto tiene que decir (pulsando una tecla) si la imagen va bien con la palabra o no. Los psicólogos experimentales tienen bien documentado que, en esas condiciones, el tiempo de reacción delata las sensaciones viscerales, o sentimientos automáticos, del voluntario.
Si el sujeto realmente siente que su cónyuge es “imponente”, pulsa la tecla a la velocidad del rayo. No así en caso contrario, por más que jure y perjure. Son técnicas clásicas de los psicólogos para hurgar en nuestras entrañas más recónditas, en aquellas sensaciones que no queremos confesarnos ni a nosotros mismos.
El resultado ha pasado todos los filtros estadísticos y está más claro que el agua: si uno quiere saber qué va a ser de su vida de pareja dentro de unos años, lo mejor que puede hacer es atender a sus vísceras. Los sentimientos plenamente conscientes, o explícitos, fallan más que una escopeta de feria. Pueden ser un autoengaño o un engaño literal —solo para los demás—, pero en cualquier caso no dan ni una. Solo las tripas dicen la verdad, o predicen el futuro. Triste resultado para nuestros lóbulos frontales.
“No estoy seguro de que nuestros lóbulos frontales sean ajenos a nuestras actitudes automáticas”, dice McNulty a EL PAÍS, “pero lo que sí puedo decir es que, a veces, nuestros sentimientos viscerales (gut-level feelings) pueden ser más certeros que nuestros pensamientos más deliberativos”.
Sobre el rompedor título de su paper, McNulty comenta sin falsa modestia, o sin modestia de ninguna clase: “Los títulos inteligentes se están volviendo la norma en mi disciplina, la psicología social”. Ya lo saben.
Fuente: El Pais.com
Autor: Javier Sampedro

Que se siente ser vieja?

El otro día, una persona joven me preguntó: -¿Qué sentía al ser vieja?-
Me sorprendió mucho la pregunta, ya que no me consideraba vieja. 
Cuando vio mi reacción, inmediatamente se apenó, pero le expliqué que era una pregunta interesante. 

Y después de reflexionar, concluí que hacerse viejo es un regalo.

A veces me sorprendo de la persona que vive en mi espejo. Pero no me preocupo por esas cosa mucho tiempo. Yo no cambiaría todo lo que tengo por unas canas menos y un estomago plano. No me regaño por no hacer la cama, o por comer algunas "cositas" de más. Estoy en mi derecho de ser un poco desordenada, ser extravagante y pasar horas contemplando mis flores.

He visto algunos queridos amigos irse de este mundo, antes de haber disfrutado la libertad que viene con hacerse viejo.

-¿A quién le interesa si elijo leer o jugar en la computadora hasta las 4 de la mañana y después dormir hasta quien sabe qué hora?- 
Bailaré conmigo al ritmo de los 50's y 60's. Y si después deseo llorar por algún amor perdido...¡Lo haré! 

Caminaré por la playa con un traje de baño que se estira sobre el cuerpo regordete y haré un clavado en las olas dejándome ir, a pesar de las miradas de compasión de las que usan bikini. Ellas también se harán viejas, si tienen suerte...

Es verdad que a través de los años mi corazón ha sufrido por la pérdida de un ser querido, por el dolor de un niño, o por ver morir una mascota. Pero es el sufrimiento lo que nos da fuerza y nos hace crecer. Un corazón que no se ha roto, es estéril y nunca sabrá de la felicidad de ser imperfecto. Me siento orgullosa por haber vivido lo suficiente como para que mis cabellos se vuelvan grises y por conservar la sonrisa de mi juventud, antes de que aparezcan los surcos profundos en mi cara.

Ahora bien, para responder la pregunta con sinceridad, puedo decir: -¡Me gusta ser vieja, porque la vejez me hace más sabia, más libre!-. 
Se que no voy a vivir para siempre, pero mientras esté aquí, voy a vivir según mis propias leyes, las de mi corazón. No pienso lamentarme por lo que no fue, ni preocuparme por lo que será. El tiempo que quede, simplemente amaré la vida como lo hice hasta hoy, el resto se lo dejo a lo que me quede de vida.

Anónimo

Young and Beautiful